Parte IV. IV.4.- El invernadero: la estrategia
Parte IV
IV.4.- El invernadero: la estrategia
Había 3 puertas para entrar al invernadero, entre puerta y
puerta un pasillo de unos 10 metros de longitud, hasta que no se cerraba una
puerta y transcurría un tiempo no se abría la siguiente. Para entrar a la
primera puerta había que hacerlo con traje de protección contra la radiación
nuclear, tenía que ponerme el traje y mantenerme un tiempo máximo de 30
segundos, de lo contrario la radiación afectaría irreversiblemente a mis
células, una gruesa pared de hormigón estaba a un lado y al otro para evitar
que penetrase hacia el interior del invernadero o hacia la sala, era un
dispositivo de seguridad para evitar que nadie entrase, o que nada saliese del
invernadero sin sufrir daño irreversible en su estructura celular.
Me puse el traje y pasé la primera puerta, se
cerró, corrí hacia el fondo, me pegué a la segunda puerta para que en cuanto se
abriese pasar. Transcurridos 30 segundos la puerta se abrió y pasé al segundo
pasillo, allí tenía que esperar a que se cerrase la puerta, quitarme el traje y
prepararme para entrar, esta tardaba unos 5 minutos.
En mi mente resonaban las palabras del chamán:
“detrás de lo que ves está lo que no puedes ver”, pero tenía mi plan, al fin y
al cabo, aquello era otra misión más, me enfrentaba a algo que no conocía, pero
aquella cosa no era inmortal, sólo había que comprender cómo funcionaba y cómo
se la podía atacar, así que lo puse en marcha.
Era evidente que aquella “cosa” o “criatura”
emitía algún tipo de neurotoxina, Abdul dijo que su cuerpo era capaz de generar
escapolomina, un alcaloide que anula la voluntad y es capaz de borrar la
memoria, pero esa sustancia tenía que entrar a mi cuerpo para que tuviera
efectos, o la comía o la bebía o la respiraba o penetraba por los poros de mi
piel, así que la solución era cubrirme de arriba abajo, me puse el casco,
guantes, cubrí mi boca, mi nariz y mis ojos lo mejor que pude.
La criatura se movía en las sombras, pero para
eso tenía mis gafas de visión térmica, sólo tenía que regularlas, aunque no se
viese a simple vista cualquier cambio en la temperatura advertiría de su
presencia.
Para evitar que detectase el calor de mi cuerpo
coloqué la manta térmica, así si veía cambios en la temperatura le sería más
difícil detectarme, pero quedaba todavía lo mejor, ¿cómo entraba en tu mente si
no se oía ninguna voz? ¿cómo controlaba la voluntad de quien entraba?, era
evidente, Abdul dijo que se comunicaba en distinta frecuencia con los que eran
como él, eso significaba que hablaba en una frecuencia que el oído humano no
podía captar, pero su información si llegaba, algo similar al oído de los
perros, capaces de oir en frecuencias en las que el ser humano no puede oir, la
única solución era que mis oídos escuchasen algo diferente para que ese sonido
no penetrase, llevaba un MP3 para escuchar música, puse la música de grupos de
heavy metal al máximo volumen, esa música además me ayudaba a estar en alerta.
Me quedaban dos formas en las que me
podía detectar, una era el olor, para eso tenía que confundir mi olor con el
del invernadero, así que nada más entrar tenía que frotar todo el traje con las
plantas que encontrase, de esa forma le sería más difícil distinguir mi olor. Y
la otra forma posible era mediante comunicación de las cámaras, así que tenía
que ir destruyendo todas las cámaras que encontrase en mi camino, no le iba a
dar el gusto a Abdul de ver el “espectáculo”.
Era un enemigo al que no podía ver, pero sabía
que estaba ahí, “detrás de lo que ves, está lo que no puedes ver”, era un
enemigo al que había que derrotar con los sentidos, esta era una batalla
sensorial, había que luchar de forma diferente, sólo la cámara de visión
térmica me guiaba.
Me quedaba Elisabeth, nada más verla tendría
que dispararla un dardo antes de que me atacase, también suponía que si la
criatura veía que no me podía controlar, que no podía entrar en mi mente, la
mandaría directamente contra mí de sorpresa, y sólo tenía la vista para
localizarla, mis oídos sólo escuchaban música heavy. Ese dardo contenía un
veneno capaz de reducir las pulsaciones del corazón hasta el mínimo, dejaba a
la persona en un estado de inmovilidad absoluta, incluso a los ojos de un
médico parecería muerta, por mucho que la ordenase la criatura, ella no tendría
capacidad para moverse porque su cuerpo no respondería a lo que su mente
pudiera decirle.
Para mí tenía un dardo con una fórmula que me
dio el chamán en el Amazonas, esa fórmula contenía una sustancia que anulaba
los efectos de algunas neurotoxinas, el chamán se lo daba a sus guerreros antes
de entrar en combate con otras tribus para evitar que cuando les lanzasen
dardos cargados con alguna neurotoxina tuviese efectos sobre sus cuerpos y así
pudieran concentrarse en librar la batalla, la naturaleza siempre da blanco y
negro, lo que por un lado te da por otro te lo quita, sólo hay que encontrar la
combinación adecuada. No sé por qué mandé al laboratorio aquella fórmula para
que me preparasen un par de dardos, intuición, supongo, aunque tampoco estaba
seguro si aquella fórmula anulaba los efectos de todas las neurotoxinas que la
criatura pudiera emitir. Así que antes de entrar me disparé aquel dardo y
a continuación tapé mi rostro y mi nariz, coloqué mis gafas y mis auriculares
con la música al máximo, y encima el casco, no había ni un solo poro de mi piel
al descubierto, preparé mi arma de dardos y mi pistola para disparar a las
cámaras, y pasé para dentro.
Tenía que controlar los latidos del corazón, la
música me ayudaba, subidón de adrenalina, adentro…… rápidamente a por las
plantas de la entrada, arranqué todas las que pude y durante dos minutos
impregné todo mi cuerpo con su olor, después buscar las cámaras mirando hacia
todos los lados, primera cámara…… pum…., un solo disparo y una menos, Abdul se
cabrearía, supongo.
Tenía que caminar lento, despacio, no podía oír
lo que pisaba, así que tenía que mirar en todas las direcciones, arriba, abajo,
derecha, izquierda, centro, sin parar, y apuntando, en una mano la pistola de
dardos y en la otra la pistola, el cargador tenía 12 balas, y me quedaban 11.
Transcurridos 3 o 4 minutos detecté con la cámara de visión térmica una
diferencia de temperatura anormal a la derecha de un pasillo del invernadero,
se movía rápidamente en las sombras……, me acerqué sin dejar de mirar en todas
direcciones……, preparé el arma…….y………………, falsa alarma, sólo era un insecto que
sobrevolaba una planta. Eso complicaba el asunto, allí había insectos, pequeños
animales que la cámara era capaz de detectar, tenía que diferenciar tamaños.
La música heavy estaba a tope, retumbaban en
mis oídos los sonidos de guitarra eléctrica, tenía la adrenalina al máximo, y
aquella música me ponía más en tensión todavía, aquello era como estar en un
concierto, tenía ganas de coger la pistola y ponerme a tocarla como una
guitarra. De repente otra cámara en el techo, le mandé una peineta a Abdul con
mi dedo corazón antes de disparar, otra cámara menos.
Seguía avanzando, entré a otro pasillo, en la
cámara térmica vi algo más grande moverse en las sombras, nuevamente preparé mi
arma, no podía dejar de mirar en todas direcciones, Elisabeth o aquella
criatura podrían atacar en cualquier momento…….., ¿sería la criatura aquello que
se movía?..... era más grande que un insecto, sin duda, había medido el tiempo
que tardó en atacar la criatura a los que entraron, por las canciones que
llevaba, y cada canción duraba entre 3 y 4 minutos, llevaba allí dentro unos 10
minutos, ya tenía que haber entrado en mi cabeza, pero seguía plenamente
consciente de lo que estaba haciendo, sólo yo controlaba mis movimientos, me
fui acercando a aquello…….. estaba quieto, inmóvil debajo de una plancha de un
invernadero…… podía verlo, pero no podía dejar de mirar en todas direcciones,
estaba en máximo peligro……… me seguí acercando, cuando estaba a apenas 1 metro
aquello salió corriendo hacia mí…….. di un salto y disparé……… maldita sea, era
sólo una rata.
No oía nada, podían estar siguiéndome a una
cierta distancia pero no podía oírlo, quedaban sólo 30 minutos de batería en el
MP3, así que tenía que localizar a la criatura antes de este tiempo. Tenía que
acelerar el paso, buuuuf, seguí avanzando por los pasillos del invernadero, no
aparecía nada, destruí 8 cámaras más con la correspondiente peineta, vi a
varias ratas y muchos insectos, pero no localizaba nada, ni Elisabeth, ni la
criatura, nada…… ¿qué pasaba?, ¿no estaban allí?, ¿estaría Abdul jugando
conmigo?...... claro, en ese momento lo comprendí, sabía que no podía
controlarme, me quedaban sólo 12 minutos de batería en el MP3. Tenía que
cambiar la estrategia, tenía que hacer creer a la criatura que podía controlar
mi mente, esa era la clave, me acordé de cómo actuaron a los que controlaba,
así que repetí el patrón de comportamiento, aquello era un juego de
inteligencia. Me quedé parado, inmóvil, sin mirar hacia ningún lado durante 4
minutos, me arriesgué a que me pudieran atacar, pero había que cambiar la
estrategia, había que arriesgar, y funcionó…………… “¡¡¡¡¡¡maldita sea!!!!! Ese
puto bicho cree ahora que me está controlando”, al cabo de 2 minutos apareció
Elisabeth al fondo del pasillo, sólo podía verla a través de la cámara térmica,
y, por fin, noté una presencia en las sombras del lado derecho del invernadero,
aquello sí era algo más grande, no era una rata, ni un insecto, pero no podía
acercarme hasta no tener controlada a Elisabeth.
Sólo me quedaba 1 bala en el cargador y 6
minutos para que se agotase la batería del MP3, tenía que repetir los movimientos
de Elisabeth para hacer creer a la criatura que nos controlaba a ambos, pero
sin soltar las armas, Elisabeth aún no estaba a tiro del dardo, podía fallar,
tenía que esperar a que se acercase algo más, además tenía que intuir lo que
una mente sádica podría pensar. Vi a Elisabeth comenzar a desnudarse, aquel
puto bicho quería que nos enfrentásemos desnudos, pero no podía hacer eso,
exponía mi cuerpo al contacto con alguna neurotoxina, me quedaban apenas 4
minutos de carga de batería, tenía que salir corriendo hacia Elisabeth y
dispararle el dardo, y después lo más rápido que pudiera dirigirme hacia la
criatura. Cuando Elisabeth se quitó la camiseta dejó su cabeza tapada, no podía
ver, era justo el momento, salí corriendo hacia ella………, la criatura se
sorprendió, debió mandar una orden a Elisabeth para que saliese corriendo, pero
ella no podía ver, tenía la cabeza tapada con la camiseta, tropezó y cayó al
suelo, llegué a tenerla a tiro y disparé el dardo, tardaba entre 1 y 2 minutos
en hacer efecto, me quedaba 1 bala en la pistola, fui corriendo hacia la
criatura, distinguía la diferencia de temperatura en las sombras……… apunté mi
arma hacia ella………. Elisabeth trató de levantarse, cogió la pistola de su
mochila, pero ya sus movimientos eran torpes, el veneno estaba haciendo efecto,
se levantó y se dirigió hacia mí, pero ya no podía correr…….. no iba a llegar a
salvar a la criatura……..me quedaban sólo 2 minutos de batería….. Elisabeth cayó
al suelo, inmóvil…….. la criatura se vio acorralada…… aprisionada…… ese era su
fin…………

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