Parte I. I.6.- La decisión
Parte I
I.6.- La decisión
Llegué a casa de mi padre, coloqué las maletas y saqué la
ropa y algunos trastos más. Mi padre preparó la cena, y cuando estuvo bajé a
cenar con él.
Mis padres se habían separado hacía ya
bastantes años, lo cierto es que llegó un momento en que las discusiones en
casa eran continuas, diarias, ya no se podían ni ver, no se soportaban el uno
al otro. Un buen día mi madre cogió las maletas y se marchó, sin decir palabra,
era tanto el rencor que se tenían uno a otro que mi padre ni se inmutó, siguió
viendo la tele, y cuando mi madre se despidió se limitó a decir, “adiós, no te
olvides de cerrar la puerta cuando salgas”. La juez dio custodia compartida,
mis hermanos tiraban más hacia mi madre, la defendían más, uno, sin embargo era
justo al revés, tendía a defender a mi padre, quizás porque físicamente era el
más parecido a él, mi hermano mayor era la cara de mi madre, y el pequeño
estaba mezclado, temas de familia.
Además mi madre tenía preferencia por su “niño
bonito”, su “ojo derecho”, que era mi hermano mayor, él era el economista de la
familia, “don dinero”, coches de lujo, casas de lujo, ropa de marca, siempre a
la última moda, en fin. Uno era más el “currante” de la familia, tenía un buen
sueldo, pero parece que no llegaría nunca a ser lo que mi hermano mayor era, mi
madre siempre decía “a ver si llegas dónde tu hermano ha llegado”, eso me
quemaba mucho, la verdad, mi padre en cambio nunca me dijo nada, estaba contento
con lo que yo era, y eso me gustaba mucho. Mi hermano pequeño era “el pasota”
de la familia, todo le daba igual, no tenía demasiadas aspiraciones, ni se
preocupó por estudiar, trabajaba entonces en un supermercado de reponedor, lo
curioso es que mi madre nunca le decía nada, era como un cero a la izquierda, y
a mí sí, a mí me machacaba.
Mi carácter tendía a ser más como mi padre,
trabajador, callado, serio, le gustaban las cosas sencillas, un buen partido,
una buena barbacoa con los amigos, una buena película; en cambio mi madre era
como mi hermano mayor, le gustaba mucho aparentar, ella prefería comprarse unos
buenos zapatos de marca aunque ese mes nos tuviese comiendo espaguetis todos
los días, mi padre no ganaba suficiente dinero, ella lo gastaba todo, siempre
entrampado con créditos. En fin, así terminaron los dos, lo que todavía no
entiendo es como aguantaron tantos años juntos, debe ser que mi padre estaba
bien dotado.
Mi padre no solía preguntarme, durante la cena
hablamos sobre mis hermanos y el resto de la familia, le ayudé a fregar y
colocar los cacharros y nos sentamos a ver la tele, esa noche había partido,
así que traté de relajarme y disfrutar con mi padre del partido, la familia
siempre ayuda a pensar en otros temas, además ganó nuestro equipo, y con eso mi
padre ya era el hombre más feliz del mundo. Nos despedimos hasta el día
siguiente, y entré en la habitación, aquella habitación me traía muchos
recuerdos de la infancia, cogí algunos comics antiguos que todavía estaban por
allí y me puse a leerlos, intentando no pensar en Caroline, esa noche me costó
mucho conciliar el sueño. Todavía me quedaban dos días libres de vacaciones,
empezaba el día 20.
Del lunes 18, muy poco que contar, salí con mi
padre a comprar, fuimos a ver a mi hermano pequeño y comimos en un restaurante,
le ayudé con algunas chapuzas en la casa, cenamos, y a dormir.
El martes 19, ya era el día previo de la vuelta
al trabajo, cuando me levanté es cuando comencé a pensar en la oferta de
trabajo de la Sra. Wen, lo cierto es que mi vida había cambiado totalmente en
apenas 17 días, todo había dado un vuelco inesperado, excepto mi padre, allí ya
no me quedaba nada que perder, y tenía ganas de empezar de nuevo en otro lugar,
de empezar de cero, de dejar atrás todo, de olvidarme de Caroline, no sabría si
podría soportar verla sin la necesidad de acercarme a ella, pero estaba
embarazada, había un niño y su relación con Ryan, no podía soportarlo. Esa
mañana, durante el desayuno le pregunté a mi padre:
- Andrew: “Papá, verás, tengo algo que contarte”
- Padre: “Dime, hijo”
- Andrew: “Me han hecho una oferta de trabajo para irme a
otro lugar a trabajar”
En ese momento recordé las palabras de la Sra.
Wen, aunque era mi padre, lo cierto es que en temas de seguridad ni a tu propia
familia puedes contar nada, en esto sí es como en los viejos tiempos, ni tu
propio círculo cerrado debe conocer información confidencial, así que me limité
a decir exactamente lo que la Sra. Wen me dijo:
- Andrew: “Es un curso de formación que me ofrece la empresa
en colaboración con un centro universitario, supondrá un buen ascenso en mi
carrera”
- Padre: “Y tú, ¿lo quieres?, hijo, ya sabes que a mí me da
igual, mientras estés feliz, también lo estoy”
Debo reconocer que mi padre no era de mucha ayuda
para estas cosas.
- Andrew: “Sí, bueno, ganaré más, pero tendría que irme, y
nos veríamos menos que ahora”
- Padre: “Hijo, ya sabes que me he acostumbrado a vivir
sólo, tienes que mirar por ti, por mí no te preocupes, con saber que estás bien
ya estoy feliz”
- Andrew: “De acuerdo, papa”
- Padre: “Eso sí te digo, hijo, tienes que ir hoy a ver a tu
madre, no la has visto y no sé si la has llamado, es tu madre, perdona que te
lo diga”
Me fastidiaba que me dijera eso, porque mi
madre me crispaba, me ponía de los nervios, a veces sólo la llamaba y le
preguntaba qué tal estaba y poco más, y encima se había casado de nuevo con un
“pijorro”, un “calzonazos”, un “bebehorchatas”, un “mascoso pedorro
insoportable”, un tipo que sólo sabía hablar del golf y de su coche.
- Andrew: “Papá, nooooo, ya sabes que no aguanto ir a verla,
me pone de los nervios”
- Papá: “Hijo, es tu madre, y se preocupa por ti, anda,
llámala, coge el coche y ves a verla”
- Andrew: “Joder, ¿en serio, papá, en serio me dices eso?”
- Papá: “Vamos”
- Andrew: “Puuuuuffffffffff…….. está bien, está bien”
Cogí el móvil y con un ánimo espantoso busqué
el contacto de mi madre y llamé.
- Madre: “Andrew, hijo mío, ¿cómo estás?”
- Andrew: “Bien, mamá, aquí, en el último día de vacaciones”
- Madre: “Huy, qué bien hijo, pues vente por aquí que te
invito a comer, te espero en casa”
- Andrew: “Mamá, no, espera es que tengo que……”
- Madre: “Nada hijo, a las 2 nos vemos, vente que nos vamos
a comer al restaurante MaxVips, te espero cariño, hasta ahora, muá”
- Andrew: “Mamá, no, espera….”
Y me colgó, madre mía, y encima a comer al
restaurante más caro de la ciudad, y seguro que iría el mascoso, sólo faltaría
que estuviese mi hermano mayor. Pues nada, a vestirme, y a salir, es de esas
reuniones familiares a las que vas con un ánimo……..
Allí estuve a las dos, la casa era una mansión
a las afueras, en la zona más exclusiva de la ciudad, tenía una verja para
entrar al interior de la vivienda con seguridad, me identifiqué y pasé para
dentro con mi coche, salió el personal de servicio a recibirme, y sí, allí
estaba, la “plana mayor”, los “ejecutivos”, presumiendo, y sí, estaba mi
hermano mayor, Louis, vestido impecable de marca desde arriba hasta abajo, el
primero en salir a recibirme:
- Louis: “Andrew, hermano, ¿cómo estás?”
Me dio un abrazo y una palmadita en la espalda.
- Andrew: “Louis, muy bien, hermano, ¿y tú qué tal?”
- Louis: “Muy bien, con mi coche nuevo, ¿quieres verlo?,
último modelo, última tecnología, veo que sigues con tu vieja chatarra”
Menudo tema de conversación, lo de preguntar
por la pareja, las vacaciones, por cómo te va y eso, pues nada.
- Andrew: “Sí, y la verdad que va muy bien, no lo cambio por
otro”
- Louis: “Tú, como siempre, conformándote con lo mediocre,
no avanzas chaval, no avanzas”
Sonrisita en la cara, pero venía lo
mejor, mi madre:
- Madre: “Andrew, cariño mío, ven y dale dos besos a tu
madre”
- Andrew: “Hola mamá, ¿cómo estás?”
- Madre: “Muy bien cariño, y tú, ¿qué tal estás?”
- Andrew: “Muy bien mamá, he llegado hace poco de las
vacaciones en unas islas paradisíacas, una belleza con unas pla….”
- Madre: “Sí, sí, ya me dijiste, esas islas para turismo
barato, ¿no te podías haber pagado algo más lujoso?, tú como siempre
conformándote con lo mediocre”
Ya me temía lo peor, dentro estaba
pensando, “no, que no lo diga, no, ya verás como lo suelta ahora” y
efectivamente, lo soltó:
- Madre: “Mira tu hermano, ha estado de vacaciones en un
hotel de superlujo, saliendo en yate con sus amigos, el sí se lo ha pasado
superbien”. Ya me tocó la moral, y encima cuando se ponía a hablar con el
“super” no la soportaba, “¿y tengo que soportar esto toda la
tarde?”. En fin, es la familia, paciencia, Andrew, paciencia.
La verdad que en aquellas reuniones con mi madre
y sobre todo cuando estaba mi hermano y el “mascoso”, pues era como un florero,
toda la conversación era sobre coches, ropa, el partido de golf del domingo,
así que nada, comimos, toda mi conversación se limitaba a decir “ah, ¿sí?”, a
veces decía algo más como “oh, ¿sí?”, un diálogo amplio. Las horas parecía que
las llevaba una tortuga, aquello era insoportable, tedioso, aburrido, horrible,
terrible, una experiencia altamente traumática. Encima aquellos “platos de
comida” de nombres impronunciables, a veces no sabía si comer lo que me traían
o enmarcarlo, el plato era enorme, y en el centro había algo que decían que se
comía, me costaba creer que con eso se pudiera alimentar un ser humano, lo
bueno eran los postres, un día por curiosidad pedí “Mousse de aire”, era una
burbuja de chocolate que cuando la pinchabas estallaba, y todos en la mesa
dijeron “oh” y felicitaron al chef.
Terminamos de comer y volvimos a la casa,
cuando, ¡¡¡¡¡por fin!!!!!, llegó la hora de la despedida, hubo algo que me tocó
especialmente la moral, mi madre siempre solía hablar con desprecio de mi
padre, y mi hermano Louis se avergonzaba de su padre, para ellos padre era sólo
un pobretón, un miserable despreciable, pero la conversación que oí fue la que
definitivamente me inclinó a tomar la decisión.
- Andrew: “Bueno, ya es tarde, me tengo que marchar que
mañana me toca trabajar, voy al baño un momento y me despido”
- Madre: “Está bien, hijo, ves”
Según salía hacia el baño empezaron a
cuchichear entre ellos, me quedé tras la puerta escuchando,
- Madre: “Este hijo mío, me tiene preocupada, siempre será
un don nadie, es igual que su padre, un conformista, ha sacado sus malditos
genes, no parece hijo mío, si no hubiera nacido sería más feliz, a veces me dan
ganas de que no venga porque me pone de los nervios”
- El mascoso: “Sí, es un muchacho sin ambición, sin miras,
¿habéis visto como ha dicho lo de la chatarra de coche que tiene?, la clase
media tendría que desaparecer, sólo sirve para estar llenos de mediocres como
este, esta gente tendría que estar toda como antiguamente, a nuestro servicio,
la educación y el dinero que reciben no vale de nada, incultos ignorantes”
- Louis: “Sí, lo cierto es que me avergüenzo de que sea mi
hermano, nunca llegará a nada, no me gusta invitarle a ningún sitio porque me
pone en evidencia, es un don nadie, es como ese viejo amargado que dice ser mi
padre, no los soporto a ninguno de los dos”
- Madre: “Que pena que sean familia, no sé cómo pude cometer
estos errores, me casé muy joven con ese mamarracho, bueno, menos mal que estás
tú, Louis, sino no sé que sería de mi vida, mi sol, la luz de mi vida….”
En fin, os podéis imaginar a aquel grupo de
insoportables en aquella sala, me dieron ganas de salir fuera y mearme en los
coches, o esparcir pimienta picante en la sala, ¿y que eso fueran mi madre y mi
hermano mayor?, el mascoso ya era vomitivo, qué falta de sentimientos, es un
mundo dónde sólo importa lo que tienes y no lo que eres, da igual si eres buena
o mala persona, lo cierto es que sentía lástima por ellos, pero sus palabras
hirieron mucho y se me quedó dentro eso de que mi propia madre se arrepintiera
de que hubiese nacido y de que mi propio hermano se avergonzara de mí, tenía
ganas de darles con el nuevo trabajo en la cara, y decirles “pues mira, me han
ofertado un pedazo de trabajo que tu coche me lo compro con lo que gano en
pocos meses y me sobra la pasta, a ver quién se avergüenza ahora de quien”,
pero no podía, la confidencialidad está por encima incluso de las apariencias,
aunque debo reconocer que me reconfortaba la idea de poder ganar más dinero que
mi hermano y restregárselo por la cara, y de decirle a mi madre, “¿Quién es
ahora el don nadie?”.
Fui al baño, volví y me despedí, os podéis
imaginar las ganas, era familia, sí, pero……. Y ese fue justamente el momento en
que tomé la decisión, era un cúmulo de muchas cosas, Caroline, Ryan, mi madre,
mi hermano mayor, de repente sentí que debía dejar todo aquello atrás
definitivamente y lo solté.
- Andrew: “Bueno, mamá, me voy, estaremos un tiempo sin
vernos”
- Madre: “¿Por qué, hijo mío?, ya sabes que te quiero y me
gusta verte de vez en cuando”
Claro, claro, “de vez en cuando” pensé.
- Andrew: “La empresa me ha ofertado un curso de formación
en colaboración con un centro universitario que supondrá un importante
ascenso en mi carrera”
De repente Louis soltó una carcajada, de esas
verdaderamente odiosas.
- Louis “Jajajajajajajaja, ¿tú? ¿un importante ascenso en tu
carrera?, ¿qué te vas a dirigir la biblioteca de la universidad? jajajajajajaja”
El mascoso se rió:
- Mascoso: “jajajajajajaja, que bueno, que vas a correr en
un ascensor jajajajajajaja, que iluso”
Puffff, estaba a punto de estallar, y
para rematar mi madre:
- Madre: “Jajajajajajaja, pero hijo mío, ¿a dónde vas a
llegar tú?, pobrecito mío, bueno, sólo espero que te vaya muy bien”
Son momentos en que la ironía y el sarcasmo son
una fantástica vía de escape:
- Andrew: “Eso espero, mamá, nos veremos menos y te llamaré
de vez en cuando, a ti, Louis, ya, si eso, te llamo”
Le di dos besos a mi madre y preparé mi mano para
apretar fuerte, pero fuerte, en la mano izquierda había dejado un resto de
jabón en el baño para la espalda de mi hermano Louis, y la mano derecha la deje
mojada, así que le di un buen apretón al mascoso, que estiraba su mano como
“con asco”, apreté con ganas, al notar mi mano húmeda recién salido del baño,
su cara se puso algo ¿extraña?, y a mi hermano un buen abrazo, y una palmadita
con la mano izquierda en su chaqueta impecable de 2.000 dólares, la mancha
blanca se veía desde kilómetros a la redonda, afortunadamente el capullo no se
dio cuenta en ese momento, supongo que luego se acordaría de nuestro padre,
estuve riéndome un buen rato conforme me alejaba con el coche solo pensar en la
cara que pondría.

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