Parte I. I.7.- El contrato
Parte I
I.7.- El contrato
Llegué a casa de mi padre, y cené con él, no comentamos
nada, él ya sabía lo que su ex mujer y su hijo mayor pensaban, lo cierto es que
mi padre siempre fue muy conformista y ya se había acostumbrado. Hablamos de la
clasificación de nuestro equipo y de cómo iban los jugadores, era el tema de
conversación preferido por mi padre, sobre todo criticar al entrenador, tanto
si el equipo iba bien como si iba mal, el entrenador siempre era un inútil.
Me fui a dormir, cuando me quedaba sólo era
cuando no paraba de pensar en Caroline, esa noche lloré amargamente, sólo me
venían recuerdos de ella, su rostro, su sonrisa, su cuerpo, me venía una y otra
vez a mi mente, tenía ganas de coger el teléfono y volverla a llamar, creo que
si no hubiese estado embarazada de Ryan, la hubiese perdonado y habría vuelto
con ella, al menos así lo pensaba entonces. Pero no podía, ya no podía, sabía
que Caroline quería tener hijos, pero nosotros posponíamos la decisión una y
otra vez para ver si las condiciones del trabajo mejoraban y teníamos más
estabilidad, conmigo se lo pensaba, sin embargo con Ryan no lo pensó, y eso
hacía que mi mano fuese incapaz de marcar su número, todo había terminado, ya
no había vuelta atrás, sólo me quedaba llorar su pérdida, y la lloré, vaya que
si la lloré, con todo el dolor de mi alma. La situación era incluso peor, hay
veces que te queda alguien a quien contar tus penas con un buen trago, pero
allí ya no me quedaba nadie, mi padre no quería oír penas, mi madre sólo
hablaba de dinero, mis hermanos pues nada de nada, ni siquiera mi mejor amigo.
Mary era la mujer de Ryan, tenía algo más de confianza con ella, pero tampoco
podía contarle nada, no tenía ningún hombro dónde apoyarme y llorar su pérdida,
supongo que eso lo hizo más duro, pasar un mal trago sólo es aún más doloroso.
Me levanté pronto, antes de lo habitual porque
la casa de mi padre estaba más lejos del trabajo que el apartamento, salí a
correr media hora para despejarme, me duché, me vestí y me tomé un café bien
cargado. Cogí el coche y salí para la oficina, empecé a pensar en el nuevo
trabajo, y la verdad es que empezar el día 1 de octubre se me hacía una
eternidad, quería marcharme de allí cuanto antes, si podía salir el 15 de
septiembre mejor, no quería posponer más aquel suplicio, todo me recordaba a
Caroline, las calles, los edificios, los pubs, los cafés, todo.
Por fin, el día 20 de agosto, a las 8.30 a.m.
entré por la puerta de la oficina, ya estaba casi toda la plantilla operativa,
como todos los días me dirigí a mi despacho para ver el plan de trabajo
asignado para ese día, nada más encender el ordenador, Peter entró por la
puerta:
- Peter: “Buenos días, Andrew, ¿qué? ¿con las pilas
recargadas?”
- Andrew: “Buenos días, Peter, sí, preparado para todo, como
siempre”
- Peter: “¿Quieres hablar sobre algo en particular?”
- Andrew: “Sí, Peter, me gustaría hablar sobre aquello”
- Peter: “De acuerdo, por el momento sigue con tu plan de
trabajo, ya te avisaré”
- Andrew: “De acuerdo”
Me puse a trabajar normalmente, al principio
cuesta un poco coger el ritmo, poco a poco te vas metiendo, y ya llega un
momento en que estás plenamente metido. Así transcurrió ese miércoles 20 de
agosto de 2003, Peter no se acercó en todo el día.
El día 21 y 22 de agosto no tuve ninguna
noticia de Peter, más allá de las habituales instrucciones para el trabajo.
Llegó el fin de semana, esperaba su llamada, pero nada, pasé el fin de semana
con mi padre, pensando en Caroline, las paredes de la casa de mi padre
empezaban a venirse encima, los días transcurrían lentos.
Comenzó la semana del 25 de agosto, esperaba
que Peter me dijese algo, pero nada, así pasó el lunes, martes, miércoles……, y
de nuevo el fin de semana. Todo seguía igual, empezaba a pensar que aquella
oferta ya no existía y empecé a tener dudas, pero aún tenía esperanzas, llegó
el lunes y tenía algo de impaciencia, no sabía si comentarle algo a Peter o
esperar, ¿se habría olvidado de la oferta de la Sra. Wen?. Pero pensé, claro,
es agosto, seguramente la Sra. Wen esté de vacaciones y no vuelva hasta el día
1 de septiembre, seguramente el próximo fin de semana me citen.
Y así transcurrió una semana más, llegó el
primer fin de semana de septiembre, y seguía sin noticias, aquello ya era
extraño, cada vez dudaba más, pero no, tenía muchas ganas de salir de allí,
necesitaba salir de allí, y cada día que pasaba se me hacía más y más pesada la
carga, mi padre no ayudaba mucho en estas cosas, y además tampoco podía
contarle nada.
Segunda semana de septiembre, ¿llegaría la Sra.
Wen de vacaciones el día 15 de septiembre?, vale, podía ser que hubiese cogido
libre un mes de 15 de agosto a 15 de septiembre, así que esperé pacientemente a
la tercera semana de septiembre, pero nada de nada de nada, aquello era ya
desesperante, ¿cómo iba a empezar el día 1 de octubre?, no daba tiempo, había
que firmar el contrato, necesitaba leerlo detenidamente para ver las
condiciones, necesitaba pensar algo más, pero las paredes de la casa de mi
padre eran cada vez más y más y más estrechas, todo me agobiaba, las calles, el
recuerdo de Caroline, la convivencia con mi padre, empecé a notar la
desesperación, tenía miedo de encontrarme casualmente con Caroline, no salía
los fines de semana, no tenía amigos con los que ir, sólo estaba allí, en aquella
casa, encerrado con mi padre y mis recuerdos de Caroline, qué agobio, que mes
más espantoso pasé, sin hombros en los que llorar, con ganas de salir.
Y llegó el último fin de semana de
septiembre, ya era 27 de septiembre, Peter tenía que llamar, tenía que decirme
algo, “por favor Peter, llama, llama, llama ya, llámame…….”, me repetía una y
otra vez, pero el maldito teléfono no sonaba, no sonaba.
Y llegó el día 29 de septiembre, llegué a la
oficina agobiado, estresado, aprisionado por aquella ciudad, por aquellas
calles, miré a Peter, pero Peter se limitaba a darme el trabajo habitual, nada
más, y no podía preguntarle nada porque si aquel trabajo no salía, tenía que
seguir con la empresa.
El día 30 de septiembre ya perdí toda la
esperanza, no sé porque razón había perdido el trabajo de mi vida, seguramente
habrían encontrado a otro que lo haría mejor, me sentí minusvalorado, perdí
confianza en mi mismo, me sentí fracasado, había perdido a mi pareja, a mis
mejores amigos, había perdido mi vida y había puesto toda la confianza en salir
de allí por un trabajo que ya no iba a llegar, ese día salí del trabajo hundido
en oscuros pensamientos.
Mis ganas de salir eran tantas que tenía que
empezar de nuevo en cualquier otro lugar, tenía que buscar trabajo en otra
ciudad, y dejar todo aquello, iba a perder tantos años de buen trabajo en una
buena empresa, estaba dispuesto todo con tal de abandonar aquel lugar, me
sentía prisionero, amargado, hundido.
Y llegó el día 1 de octubre, me levanté sin ningún
ánimo de nada, no tenía ni ganas de ir al trabajo, había fracasado, cómo se
iban a reír mi madre y mi hermano mayor, “un fracasado, ¿dónde vas a ir tú,
desgraciado?....jajajajajajaja…..” sus risas me venían a la cabeza una y otra
vez…… eran las 7:45 de la mañana cuando mi teléfono sonó, era….. Peter:
- Peter: “Buenos días, Andrew, ¿cómo te has levantado hoy?”
- Andrew: “Buenos días, Peter, pues preparado para cumplir
con la empresa, como todos los días”
- Peter: “Tengo algo que comunicarte”
Ya me temía lo peor, me va a echar de la
empresa, me lo imaginaba porque mi rendimiento en ese mes había decaído mucho,
el estado de ánimo con el que iba a trabajar no era el óptimo, y no transmitía
buenas sensaciones a mis compañeros, me había vuelto solitario, había perdido
mi sentido del humor habitual, era la viva imagen de un amargado, ya sólo
faltaba que Peter rematase la faena.
- Andrew: “Dime, Peter”
- Peter: “Si quieres seguir trabajando aquí, puedes venir
hoy, si no quieres tienes que ir al aeropuerto, allí hay un billete a tu nombre
en el mostrador de la línea aérea Air Valley, es sólo de ida, no tiene vuelta.
Si coges ese billete aceptarás las condiciones del contrato allí dónde vayas,
si no vienes hoy a trabajar o llegas tarde, automáticamente estás despedido.
Pero puedes elegir libremente, si vienes hoy seguirás trabajando aquí como
normalmente. El avión sale a las 9.00 horas, si no llegas, habrás perdido la
oportunidad y no habrá otra.”
- Andrew: “Pero, Peter, no tengo tiempo”
- Peter: “Tienes el tiempo justo de hacer una maleta de mano
con tu ropa y tus objetos de aseo y personales que quieras llevarte, recuerda
que no tienes billete de vuelta. A tu llegada al aeropuerto de destino una
persona te estará esperando y te llevará a un lugar determinado, no debes
preocuparte por la comida, ni por el dinero. Tu teléfono móvil deberá estar
apagado desde el momento en que decidas ir al aeropuerto, puedes llevártelo,
pero desconecta la batería, deberás dárselo a la persona que te espera, después
ellos te darán tus contactos”
- Andrew: “Pero, ¿por qué no me has dicho esto antes?”
- Peter: “No tienes tiempo de preguntar, sólo de decidir lo
que quieres hacer con tu vida”
- Andrew: “Pero….pero…. “
- Peter: “Andrew, por si no volvemos a vernos, sólo quiero
desearte buena suerte en tu nueva vida, eres bueno y mereces algo mejor. Hasta
ahora….. o hasta nunca, Andrew”
Y colgó.
Sin tiempo para pensar, sin tiempo para
decidir, apenas tenía 10 minutos para hacer la maleta y despedirme de mi padre.
Toda mi vida pasó por delante de mí en un instante, ¿qué hacer?, lo cierto es
que estaba tan agobiado por aquellas paredes, por aquella ciudad, por todo…..
que hice la maleta, sólo puse 4 cosas, llamé a un taxi y me despedí de mi padre
con un abrazo tan fuerte, cuanto quería a ese hombre, no ayudaba en mucho pero
era tan bueno, tan amable, tan sencillo que para mí era el mejor padre del
mundo.
Mi padre no preguntó, nunca preguntaba, sólo me
miró y vio que mi cara daba signos de cambio, de que iba a empezar una aventura
desconocida, que iba a empezar una nueva vida. El taxi llegó a las 8:05
minutos, apenas tenía tiempo de más.
- Padre: “Buena suerte hijo, que Dios te acompañe”
- Andrew: “Gracias, papá, sólo quiero que sepas lo mucho que
te quiero”
- Padre: “Lo sé, hijo mío, lo sé, te quiero”
Al taxista le dije que al aeropuerto lo más
rápido que pudiera, el aeropuerto estaba a unos 20 minutos de la casa de mi
padre, era primera hora de la mañana, y solía haber atasco, el avión salía a
las 9.00 a.m. y mi reloj marcaba ya las 8:07 a.m. cuando el taxi salió de la
casa. Al llegar a la autopista, efectivamente, atasco, toda mi vida
dependía de un maldito atasco, tanto tiempo esperando, y ahora aquel maldito
atasco era lo que se interponía para llegar a mi nueva vida, mientras
desconectaba la batería del teléfono móvil le dije al taxista que lo más rápido
que pudiera, que le pagaba el doble por la carrera, si se tenía que saltar
alguna norma de tráfico y le ponían alguna multa que se la pagaba, pero que por
todo lo que más quisiera, tenía que estar en aquel aeropuerto a las 8:35 como
muy tarde para poder embarcar.
8:15 minutos, aquello apenas se movía, quería bajarme del
coche e ir corriendo, llegaría antes,
8:18 minutos, avanzaba algo más rápido,
8:20 minutos, no paraba de mirar mi reloj, qué agobio de
carrera,
8:25 minutos, se puso a llover, lo que faltaba, eso hacía
más lento el tráfico.
Pensaba una y otra
vez, “no voy a llegar, maldita sea, no voy a llegar, maldito tráfico, maldita
sea”.
8:30 minutos, ya se ve el aeropuerto, pero aún quedaban como
mínimo 10 minutos para llegar a la terminal,
8:35 minutos, la hora de embarque, y aún el en taxi,
8:40 minutos, llegamos a la terminal
8:41 minutos, saqué la maleta del taxi y le pagué al taxista
la carrera,
- Andrew: “Quédese con la vuelta”
8:42 minutos, corriendo a buscar el mostrador de Air Valley,
8:43 minutos, pregunto y me dicen que está al final del
pasillo, corrí por aquel pasillo como alma que lleva el viento, creo que batí
algún record olímpico,
8:45 minutos, llego al mostrador y tengo tres personas
delante de mí, no tengo tiempo, el avión comienza la maniobra de despegue en 15
minutos y no he subido al avión, sin pensarlo tuve que colarme,
- Andrew: “Perdón, perdón, mi avión sale ahora mismo,
discúlpenme, por favor”
Afortunadamente la gente que estaba esperando lo
entendieron.
8:46 minutos, doy mi nombre y la chica del mostrador me pide
identificarme, “maldita sea, la cartera, ¿dónde la he puesto? ¿dónde?, ah, sí,
en el bolsillo derecho de la chaqueta”, estaba tan agobiado que no atinaba ni a
sacar la documentación,
8:47 minutos, la chica imprime mi billete, y me dice que la
maleta tiene que ir a cabina, maldita sea,
- Andrew: “No sé si el tamaño vale para cabina”
- Azafata de mostrador: “Tiene que ponerla en un medidor,
pero no le da tiempo, súbala a cabina y pregunte si se la dejan pasar, sino
tendría que dejarla aquí”
- Andrew: “De acuerdo”
8:48 minutos, de nuevo batiendo records olímpicos, llegué a
la puerta de embarque, el embarque ya estaba cerrado, pero por suerte había una
azafata,
- Andrew: “Tengo billete para este vuelo”
- Azafata de embarque: “Llega usted tarde, ya no puedo
dejarle embarcar, el avión está a punto de retirar la puerta de embarque, todos
los pasajeros ya se han sentado”
- Andrew: “Lo siento, pero tengo que coger ese vuelo como
sea”
- Azafata de embarque: “Ya le he dicho que no puedo dejarle
pasar, tendrá que ir y cambiar su billete”
La puerta estaba abierta, así que sin
pensármelo dos veces, corrí hacia el tubo que conectaba con el avión:
- Azafata de embarque: “Oiga, oiga, no puede hacer eso”
En ese momento una persona se acercó a la
azafata de embarque y le dijo algo, debía ser un superior de ella, y no me
siguieron, me dejaron seguir, estaban ya para cerrar el tubo y retirar la
puerta, y llegué a las 8:51,
- Andrew: “OIGAN, OIGAN, espérenme, por favor, no se vayan
sin mí”
- Azafata de avión: “Llega usted muy tarde, ¿cómo le han
dejado pasar?”
- Andrew: “No hay tiempo para contárselo, aquí tiene mi
billete”
- Azafata de avión: “De acuerdo, pase, pero su maleta no
cumple las condiciones para subir a cabina”
- Andrew: “¿Pero cómo que no cumple?, si es pequeña”
- Azafata de avión: “Lo lamento caballero, el vuelo va lleno
y su maleta no cumple con las condiciones, las normas de la compañía son claras
en este sentido, tendrá que dejar su maleta aquí o coger el próximo vuelo”
Maldita sea, nada, tuve que coger rápidamente
lo que entraba en una pequeña bolsa de mano y dejar el resto de la maleta allí,
no sé ni qué fue de ella, no volví a verla.
Y así fue como empecé el rumbo hacia una nueva
vida, una aventura totalmente desconocida, tan desconocida que ni siquiera me
había dado tiempo a mirar el destino, no sabía ni a dónde iba, no llevaba
prácticamente nada conmigo, excepto algunos objetos de aseo y algún objeto
personal que entró en la bolsa, la documentación el móvil desconectado y nada
más, iba con lo puesto.

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