Parte II. II.2.- La instrucción
Parte II
II.2.- La instrucción
Cogí el mapa y busqué la calle Nubia, estaba a pocos minutos
de allí, sólo tenía que hacer un poco más de tiempo, preferí pasarlo en la
habitación, no había que llamar más la atención, todos me habían amenazado de
muerte o darme palizas, estaba en territorio hostil, así que esperé
pacientemente, mirando a las cucarachas, escuchando los gritos, las peleas,
algún disparo. A las 11.30 a.m. salí hacia la calle Nubia, me seguían
proxenetas, chulos, camellos, matones, y creo que algún policía infiltrado,
aunque de eso no estoy seguro, quería alejarme de aquel lugar cuanto antes,
pero con paso tranquilo, calmado, no podía mostrar ningún tipo de nerviosismo, sangre
fría, mente fría.
Apenas 10 minutos
después estaba en la calle Nubia, era una calle estrecha, sin salida, al final
había un descampado con un pequeño muro todo pintado con grafitis, y mucha
basura, había dos drogadictos sentados en una esquina de la calle, en estos
lugares lo mejor que puedes hacer es no mirar, cualquier mirada puede suponer
la diferencia entre la vida y la muerte, pasé junto a ellos, cambiar de acera
hubiese delatado miedo o nerviosismo, caminé con paso firme, notaba sus miradas
clavarse en mí, las gafas de sol ocultaban mis ojos. Todavía quedaban 20
minutos para la hora de llegada de la furgoneta, cuando miré a mi alrededor vi
2 furgonetas de color gris aparcadas, pero observé los asientos del piloto y el
copiloto, no había nadie sentado, así que me puse a caminar hacia el final de
la calle, hacia el muro. Quedaban ya sólo 16 minutos y permanecía allí, junto
al muro, de repente los dos drogadictos se levantaron y caminaron hacia donde
estaba. Llegaron y me miraron, uno tenía la mano en el bolsillo y se notaba que
llevaba una navaja en su interior.
- Drogadicto 1: “Eh, coleguita, tú no eres de aquí, ¿qué
haces aquí?”
- Andrew: “Esperar a unos amigos que vienen ahora a
recogerme”
- Drogadicto 2: “¿Qué llevas en la maleta?”
- Andrew: “Nada, sólo un poco de ropa usada”
La maleta era vieja
y estaba muy deteriorada, no llamaba mucho la atención.
- Drogadicto 1: “¿Tienes pasta, tío?”
La situación
empezaba a ponerse tensa, quedaban sólo 14 minutos para que llegase la
furgoneta, pero cualquier de esos me podía meter una puñalada en menos de 10
segundos, tenía que hacer tiempo, pero, ¿cómo?, en ese momento recordé que
llevaba el paquete de tabaco con el mechero en el bolsillo, así que lo saqué.
- Drogadicto 2: “Eh, ¿qué vas a sacar del bolsillo tío? Que
te pincho”
- Andrew: “Tranquilo, tranquilo, sólo quiero darte un
cigarrillo”
- Drogadicto 1: “Vale, dame un cigarrito y me lo enciendes,
y otro a mi colega y se lo enciendes también”
- Andrew: “Vale, toma”
Les di un
cigarrillo a cada uno, y con un pulso firme, sin mostrar nada de nerviosismo,
se lo encendí. Terminaron el cigarrillo, eso me dio 5 minutos más, allí de pie,
no decían nada, calada tras calada, me miraban, pero no me ponía nervioso. Ya
sólo me quedaban 9 minutos para que llegase la furgoneta, sólo me quedaban unos
dólares en el bolsillo, el teléfono móvil y el reloj, además de la ropa usada.
- Drogadicto 1: “Eh, te pregunté antes que si tenías pasta,
saca todo lo que lleves”
- Andrew: “Vale, no te pongas nervioso”
Saqué el dinero con
tranquilidad y se lo di, era poco, así que no se conformaron.
- Drogadicto 1: “Oye, y esas gafas, ¿son de marca?”
- Andrew: “¿éstas?, sí, claro, quieres verla”
Tenía que hacer
tiempo como fuera, les entretuve contándole una historia sobre las gafas, ya
sólo me quedaban 4 minutos.
- Drogadicto 2: “Eh, abre la maleta”
Dentro de la maleta
llevaba el móvil, aquel móvil no podía entregárselo de ninguna manera, así que
me quité el reloj, un reloj que me había regalado mi padre, era el único
recuerdo que me quedaba de él, pero tenía que darles el reloj antes que el
móvil, aquel móvil tenía una llamada que se podría localizar si alguien la
buscaba, tenía que elegir.
- Andrew: “Eh, mira qué reloj, ¿te gusta?”
- Drogadicto 2: “A ver, dámelo”
- Andrew: “Toma, míralo bien, vale lo suyo”
En ese momento una
furgoneta de color gris entró marcha atrás en la calle, los dos drogadictos se
asustaron y salieron corriendo, lo que más me dolió fue el reloj de mi padre,
por 2 malditos minutos. La furgoneta se paró al final de la calle, abrí la
puerta trasera y entré, iba tapada, sólo podía ver a través de una verja con un
cristal oscuro que daba hacia los asientos delanteros, dos hombres iban
sentados delante, pero no podía ver sus rostros, en la parte media de la verja
había un depósito rectangular que conectaba la parte de atrás con la de
delante.
- Conductor 1: “Deje el móvil en el depósito y empuje la
puerta hacia delante, comprobaremos la llamada, si coincide con el número que
nos han dado, le llevaremos a su destino, si no será abandonado aquí a su
suerte”
- Andrew: “De acuerdo”
Saqué el móvil de
la maleta, lo puse en el depósito y lo empujé hacia delante, miraron el móvil,
comprobaron la llamada,
- Conductor 2: “Siéntese caballero”
Y arrancaron hacia
el destino, no sabía ni por dónde íbamos, apenas podía ver la carretera
delante, el cristal era lo suficientemente oscuro como para no poder ver los
carteles, en la parte trasera había dos asientos alargados, así que me tumbé en
ellos pensando en el reloj de mi padre.
Tampoco podía ver
el tiempo que pasó entre aquel barrio y el destino, fueron unas horas, eso sí,
no sabría especificar cuantas. Hicieron una parada en el camino y compraron
unas hamburguesas, me dieron la comida a través del depósito, cómo me supo
aquella hamburguesa, aquellas patatas fritas y aquel refresco de cola, eso sí,
me tenían que haber dado el muñequito de regalo, se lo quedaron ellos.
Por fin llegamos al
destino, estaba dentro de una instalación militar, al bajar de la furgoneta
sólo pude ver a soldados haciendo instrucción, unos edificios impecables, se
notaba que las construcciones eran nuevas, algo modernistas, pero sin llamar
demasiado la atención, eso sí, unos preciosos jardines.
La furgoneta se
fue, no pude ver a sus ocupantes, y allí estaba parado, en medio de aquella
instalación militar, esperando a que alguien me diese la bienvenida, al cabo de
un minuto llegó un sargento,
- Sargento: “Eh, novato, ¿qué coño hace ahí parado?, hueles
a cloaca, ¿y esas barbas?. Cada vez los envían peor. Pase inmediatamente al
edificio 2B, allí le darán las instrucciones”
- Andrew: “Sí, señor, voy”
Me dirigí al
edificio 2B, era un edificio de oficinas, al entrar por la puerta me recibió un
soldado y me hizo rellenar un pequeño formulario, sólo eran preguntas del tipo
qué enfermedades había tenido, alergias, estudios…. Pero no había datos
personales, a continuación me dieron ropa, me enviaron a la zona de duchas,
dónde por fin pude asearme y afeitarme, la verdad es que olía a cloaca. Una vez
ya parecía un ser humano, me vestí, la ropa no era de militar, un pantalón
color caqui, unos zapatos negros nuevos, brillantes y una camisa blanca, muy bien
planchada. Cuando terminé me pasaron a la sala médica, dónde procedieron a
realizarme un chequeo completo, tomaron muestras de sangre y tuve que dar mi
consentimiento para que mis datos de ADN pasasen a la base de datos de las
instalaciones. Nadie preguntó mi nombre en ningún momento ni me llamaron por un
nombre concreto, a nadie le interesaba.
Terminado el
chequeo médico, me pasaron a una sala en el edificio 2B, planta tercera, dónde
tenía que esperar a que me llamaran. Transcurridos unos 5 minutos, una mujer de
unos 30 años que parecía ser una secretaria, vestida de militar se acercó hasta
mí, y me pidió por favor que la acompañara, pasamos a un despacho dónde me
dijo,
- Secretaria: “Por favor, tome asiento, y espere un momento”
Salió y cerró la
puerta, al momento entraron por otra puerta que tenía el despacho dos personas,
no iban vestidos de militares, una de ellas era la Sra. Wen.
- Sra. Wen: “Buenos días, Andrew, veo que finalmente se
decidió por la oferta, me alegro”
- Andrew: “Buenos días, Sra. Wen, sí, así ha sido”
- Sra. Wen: “Bien, Andrew, hemos visto que ha pasado la
primera prueba con una buena nota, ha sabido defenderse en un entorno hostil
sin llamar demasiado la atención”
- Andrew: “Gracias”
- Sra. Wen: “Permítame presentarle a Phil, a continuación le
vamos a entregar un contrato que deberá firmar si está de acuerdo con las
condiciones, debe leerlas detenidamente, si tiene cualquier duda puede
preguntarnos a cualquiera de los dos, debe tener muy claro dónde va a entrar y
que a partir del momento de su firma se guiará por el código militar”
- Phil: “Buenos días, Andrew, encantado de conocerle. Aquí
tiene las condiciones del contrato, por favor, lea detenidamente, y pregunte
cualquier duda”
- Andrew: “Buenos días Phil, encantado, de acuerdo”
El contrato eran 5
páginas escritas en letra bastante pequeña, así que les pedí que antes de
leerlo si podían hacerme un resumen.
- Andrew: “Podrían por favor hacer un resumen, aunque las
lea detenidamente”
- Phil: “Claro. Verá, Andrew, usted, oficialmente no
pertenece al ejército, nosotros somos una compañía privada ubicada en un
paraíso fiscal que hacemos algunos trabajos para el ejército, empresas y
países. La empresa, como puede ver en su contrato se denomina Green Paradise.
Se estipula su salario en 300000 dólares al año, con todos los gastos pagados,
desplazamientos, comida, ropa, médico, por cada año trabajado recibirá además
10000 dólares en un fondo de pensiones, todo su sueldo lo cobrará íntegramente
en el paraíso fiscal. Oficialmente en su país de origen usted tiene un contrato
de formación con un centro universitario a través del cual recibirá un sueldo
extra de 1500 dólares al mes que serán ingresados en su cuenta corriente de su
banco habitual”
Las condiciones
económicas eran bastante buenas, ciertamente, pero si el bautizo había sido
pasar por aquel suburbio en aquellas condiciones, estaba claro que aquello no
iba a ser nada fácil.
- Andrew: “Esto es en cuanto a las condiciones económicas,
la Sra. Wen me comentó que estaba bajo jurisdicción militar”
- Phil: “Efectivamente, usted no pertenece al ejército, pero
todos los trabajos se realizarán para el ejército o en colaboración, por lo
tanto es lógico que se le aplique el reglamento jurídico militar, por si no lo conoce,
es diferente al código civil, explicárselo en detalle sería darle un curso
completo, para lo cual no hay tiempo. Básicamente le puedo resumir que usted
debe obedecer las órdenes de los mandos militares como cualquier otro militar,
debe obedecer las órdenes que le imponga la empresa sin plantear dudas ni
preguntas, simplemente limitarse a cumplir las órdenes, en caso de incumplir
cualquier orden o saltarse el reglamento las sanciones van desde las más leves
que pasan por multas económicas cuyo importe varía desde cientos de dólares
hasta incluso retirarle la totalidad de lo que lleva ganado y su plan de
pensiones, a las más graves que serán juzgadas por un tribunal militar,
pudiendo imponérsele penas de cárcel, incomunicación temporal o permanente, e incluso,
en casos extremos, la pena de muerte. El
resto de las cláusulas hablan de cómo debe actuar en caso de conflicto, todo
debe mantenerse en el más estricto secreto, no puede comunicar dónde trabaja ni
nada acerca de su trabajo a ninguna persona, incluido su círculo más próximo, a
cualquier pregunta usted debe responder que es investigador de la universidad”
- Andrew: “De acuerdo, si me permiten unos minutos, leo el
contrato y procedo a su firma”
- Sra. Wen: “Por supuesto, Andrew, recuerde que en todo
momento es libre de decidir, y si está aquí y firma es porque usted lo ha
decidido así, tómese todo el tiempo que sea necesario, nosotros vamos a tomar
un café, y volvemos, por favor avise a la secretaria cuando lo haya leído y no
dude en preguntar cuando vengamos”
Y allí estuve, leyendo durante unos 20
minutos todo el contrato, básicamente era lo que me había comentado Phil,
algunos puntos más relacionados con el secreto y la seguridad, aunque a estos
ya estaba acostumbrado después de haber trabajado 5 años en una empresa que
trabajaba para gobiernos y multinacionales. En cuanto terminé de leerlo avisé a
la secretaria, y a los 5 minutos volvieron la Sra. Wen y Phil.
- Sra. Wen: “Y bien, Andrew, ¿qué ha decidido?”
- Andrew: “Firmar”
- Sra. Wen: “No esperaba menos de usted”
- Phil: “Su copia del contrato permanece bajo custodia de la
compañía, puede consultarla, pero no sacarla, en unos 15 días tendrá su cuenta
operativa en el paraíso fiscal y puntualmente a día 5 de cada mes le será
ingresado el dinero, el mismo día recibirá el dinero procedente de la
universidad en su cuenta habitual de su país de origen, el dinero en su plan de
pensiones le será ingresado semestralmente en dos pagas anuales, el plan de
pensiones está ubicado en el paraíso fiscal. En unos 15 días recibirá una clave
mediante la cual podrá conocer su número de cuenta y podrá ver los ingresos
puntualmente”
- Andrew: “De acuerdo”
- Sra. Wen: “Ahora Phil tiene que marcharse, Andrew, espere
un momento mientras me despido de Phil”
Phil se despidió y
salió de la sala, a continuación entró un militar, la Sra. Wen lo presentó como
coronel del ejército,
- Coronel: “Buenas tardes Sr. Andrew”
- Andrew: “Coronel, buenas tardes señor”
- Coronel: “Vamos al grano porque no dispongo de mucho
tiempo, como ya le han explicado usted no pertenece oficialmente al ejercito ni
su función principal es entrar en combate, no obstante debe aprender algo de
supervivencia y combate por si en algún momento fuese necesario”
- Andrew: “De acuerdo”
- Coronel: “Bien, así me gusta, me gustan las personas que
no preguntan demasiado, su función, como ya le han comentado no es preguntar,
si no simplemente obedecer órdenes”
- Andrew: “Sí, señor”
- Coronel: “Pues Sr.
Andrew, puede retirarse, su instrucción comienza mañana mismo, cene y descanse
tranquilo”
- Andrew: “Gracias señor”
Tras esas palabras llamaron a la
secretaria que pasó al despacho, me despedí y me fui con ella, la Sra. Wen y el
coronel se quedaron en el despacho. Cené y me fui a dormir a una habitación
para mí sólo, aquello me parecía un hotel de 5 estrellas después de la
experiencia de la última semana, no faltaba ni el más mínimo detalle, a la
mañana siguiente había que levantarse a las 6.00 a.m. para comenzar la
instrucción que duraría 2 meses, comencé el martes 7 de octubre y terminé el
domingo 7 de diciembre.
De la instrucción
poco que contar, durante 2 meses aprendí a usar armas de fuego, supervivencia
extrema, cómo actuar en caso de ser capturado por el enemigo, algunas tácticas
de defensa, de ataque, defensa personal, y un duro entrenamiento diario de más
de 6 horas de ejercicio, acabé en plena forma física, no me trataban como a un
soldado, puesto que oficialmente no lo era, pero la instrucción que recibí fue
similar, aunque claramente no fue la que recibe un militar que va a entrar en
combate.
Durante la
instrucción conocí a otros compañeros, el reglamento nos impedía hablar de
quien nos había contratado, y allí había algunos que se encargaban de comunicar
cualquier incidente, así que silencio absoluto, incluso de nuestras vidas
personales, nos limitábamos a hablar de la instrucción recibida, a ninguno de
los compañeros de instrucción volví a verlos.
El tiempo que duró
la instrucción toda la comunicación con mi familia era a través de correo
escrito o electrónico, mandé cartas a mi padre y a mi madre, me limitaba a
escribirlas y las entregaba, a continuación eran enviadas a la universidad con
la que tenía el contrato de formación y desde aquella localidad y con el sello
de la universidad eran enviadas, y si eran correos electrónicos salían desde mi
correo oficial en la universidad. En las cartas les comentaba a mis padres que
la universidad era muy estricta durante los primeros meses con el horario y las
llamadas telefónicas, así que ellos me podían enviar cartas o correos a la
universidad que luego me entregaban o reenviaban. La Sra. Wen me comentó que de
los contactos del teléfono móvil sólo podía tener el de mis padres y mis
hermanos, el resto fueron borrados, incluido el de Peter, en cualquier caso
cuando terminase la instrucción podría llamarles pero desde un teléfono que
ellos me darían, y que todas las llamadas serían grabadas y monitorizadas, siempre
aparecería como número llamante el de la universidad.

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