Parte III. III.1.- La novata



Parte III


III.1.- La novata


  

   Tras aquella primera misión, comencé a hacer una amistad con Jason que iba más allá de lo profesional, nos dieron dos días libres, y lo cierto es que después de experiencias así tienes ganas de divertirte, así que acepté la invitación de Jason de salir a quemar la noche.

   Llevaba ya tanto tiempo sin salir que casi se me había olvidado aquello, así que aquella noche fue un desparrame total, a la mañana siguiente me desperté en un hotel con dos chicas y una noche de sexo sin control, me había desinhibido totalmente, no sé si sería la adrenalina, el riesgo o las ganas de pasármelo bien después de tanto tiempo.

   Durante los siguientes meses me fueron asignadas varias misiones más, al volver de la segunda misión en Timor que también tuvo final con éxito, me retiraron definitivamente de picar código en la sala de informática, la última tarde que trabajé allí el director se despidió:

- Director de la sala de informática: “¿Tan pronto te vas, capullo?, ya volverás, ya, muchos terminan volviendo aquí y quemando sus ojos delante de la pantalla del ordenador, es sólo cuestión de tiempo”

   Como no quería problemas, por si acaso, me limité a contestarle:

- Andrew: “Espero que no, señor”

   Y salí de la sala, normalmente al volver de cada misión teníamos dos o tres días libres, la mayoría de las misiones en los siguientes meses, las hice con Jason, habíamos conseguido un equipo perfectamente compenetrado, ya nos anticipábamos al otro, con un simple movimiento del cuerpo a distancia ya éramos capaces de ver si había problemas, y a la vuelta era juerga tras juerga, bebidas, sexo, bailar, hacer el loco……, nunca tomé drogas, eso es completamente cierto, podía emborracharme, pero nada de drogas.

   En los siguientes 14 meses completé 10 misiones, 9 junto a Jason, de ellas 7 con éxito y en 2 no conseguimos exactamente lo pedido aunque dejamos el camino abierto para que los siguientes lo terminaran, y  1 sin Jason, con otro compañero, en la que fracasé. Era un muy buen porcentaje, la Sra. Wen nunca nos felicitaba, se limitaba a decir “buen trabajo” si estaba bien, o “no conseguido” si estaba mal o a medias, pero su confianza en mí fue aumentando.

   Nos ganamos el apodo de “equipo zero” porque nuestras misiones se planificaban de tal manera que no teníamos bajas entre los  nuestros, pero tampoco las causábamos, los trabajos eran limpios, sin rastro, sin huella. En algunas misiones, sobre todo en África y Sudamérica, dependíamos de locales para llegar a culminar bien el trabajo, había muchos problemas de sobornos o de amenazas. Para localizar a algún sobornado siempre empezábamos con una frase, “si os han ofrecido dinero, decirnos cuanto, y os damos 5 veces lo que os hayan ofrecido”, normalmente a esa frase al que no le han ofrecido nada no se suele alterar, al que le han ofrecido suele tener algunos gestos que le delatan, digamos que se lo piensa. Sólo por esos gestos detectamos algunos casos, en otros eran más duros, más difíciles de detectar, por eso tomamos la determinación de que quienes nos acompañasen siempre debían ir en pareja, siendo al menos 1 de la máxima confianza, alguien que nunca hubiese fallado, aun así el riesgo siempre existe, nunca sabes cuando alguien puede cambiar de bando. El otro problema principal en esos países son las amenazas a las familias, y eso suele valer mucho más que todo el dinero que les puedas ofrecer, y, por supuesto, están los fanáticos, el fanatismo extremo no entiende de dinero ni de amenazas.

   En la misión en la que fui con otro compañero distinto, en África, éramos trabajadores de una empresa eléctrica, nos secuestraron y pidieron por nosotros un rescate, dinero que tuvo que ser abonado para que nos liberasen, durante el cautiverio no nos trataron mal dentro de la situación que era, los momentos de la liberación fueron extremadamente tensos. No hice más misiones con aquel compañero, no tenía ningún tipo de compenetración con él.

   Nos ganamos el respeto de los compañeros, muchos sabían que si íbamos los dos la misión tenía más posibilidades de salir adelante, eso no significa que exista confianza, al contrario, la experiencia te hace ser cada vez más cauto, es sólo que vas aprendiendo cómo funciona el trabajo, te vas haciendo con él, y llega un punto en el que te anticipas a lo que puede ocurrir.

   La historia del resto de las misiones quedará para otro momento, a pesar de que aquí se decore con palabras bonitas, la realidad era bastante dura, la vida estaba continuamente en riesgo, hay países en los que la vida no vale absolutamente nada, a eso hay momentos en los que es difícil acostumbrarse, son esos momentos en los que valoraba el modo de vida que tenía, en mi anterior trabajo no podía ni siquiera imaginar que el mundo pudiera ser tan diferente.

   Un día, el 15 de junio de 2005, la Sra. Wen me dejó una nota para acudir a la sala de reuniones al día siguiente, como siempre, a las 9.00 a.m., allí estuve puntual, la Sra. Wen me recibió sóla.

- Sra. Wen: “Buenos días, Andrew, ¿ha descansado bien?”
- Andrew: “Buenos días, muy bien, gracias”
- Sra. Wen: “Su trayectoria ha sido satisfactoria para la compañía en los últimos meses, ha demostrado ser capaz de manejarse en situaciones muy extremas y salir con una cierta soltura”
- Andrew: “Gracias”
- Sra. Wen: “Cómo ha ganado experiencia, hemos decidido que Jason sólo le acompañará en alguna misión puntual, pero debe usted demostrar que puede obtener un porcentaje de éxito similar con otra persona”
- Andrew: “De acuerdo”
- Sra. Wen: “Permítame presentarle a su nuevo compañero”

   Y aquella fue la primera vez que vi a Elisabeth, nada más verla supe que aquello era el principio de algo, entró por la puerta, iba vestida como me vestían a mí cuando era nuevo en las instalaciones.

- Sra. Wen: “Elisabeth, le presento a su nuevo compañero, Andrew”
- Elisabeth: “Buenos días, señor”

   Vaya, me llamaban “señor”, y eso que no tenía ningún rango, era sólo un empleado de la compañía.

- Andrew: “Buenos días”
- Sra. Wen: “Andrew, usted deberá encargarse de la instrucción de Elisabeth, está realizando el período de formación que usted hizo en su momento, sin embargo la compañía ha considerado que a partir de ahora 1 mes del período de formación se hará con un compañero con experiencia que enseñará a los novatos”

   En ese momento pensé, “¿con experiencia?”, “¿enseñar a los novatos?”, sólo llevaba 12 misiones, de ellas 8 con éxito, 2 con algo conseguido, y 2 fracasadas, y a aquello le llamaban “experiencia”.

- Andrew: “Sra. Wen, permítame comentarle…..”

   Y me cortó,

- Sra. Wen: “No, no le permito nada, preparará a Elisabeth desde mañana 17 de junio hasta el día 17 de julio, el día 18 de julio saldrán a su primera misión”
- Andrew: “Sí, señora”

   Ni siquiera me habían dado tiempo a preparar nada, durante un mes tenía que enseñar a aquella mujer lo que había aprendido con tal sólo 20 meses, entendía que Jason no podría estar conmigo siempre, y que en algún momento tendría que aplicar lo aprendido con más compañeros, lo cierto que en la misión que había ido sin Jason fracasé, pero, ¡¡¡¡¡con una novata!!!!!, me podían haber asignado a un compañero con algo más de experiencia. Así fue cómo me separé de Jason, nos volveríamos a encontrar más tarde, y comenzó mi historia con Elisabeth.

   Durante ese día tuve que pensar en cómo preparar a Elisabeth con lo que se iba a encontrar, al igual que hizo Jason conmigo, planifiqué buceo, pilotaje de avionetas, escalada y una experiencia extrema, esa experiencia fue ir a la selva amazónica, al Valle del Javari, donde habita una de las tribus amazónicas más peligrosas, los Korubo, se sabe que practican el canibalismo y que son extremadamente hostiles, se les conoce como los “aplasta-cabezas”, y  debíamos sobrevivir en aquella selva durante 4 días, en un entorno hostil, desconocido, peligroso, totalmente aislados del mundo.

   Así lo programé, lo cierto es que Elisabeth era bastante inteligente, era una chica que enseguida se hacía con el control, incluso en ocasiones me dirigía, tenía sangre fría, finalmente llegó la prueba de supervivencia, pero pronto llegó el momento de la partida, Elisabeth debía conocer dónde se había metido, y que debía acostumbrarse a vivir con la muerte acechando a cada paso, en cada instante. Estudiamos juntos las técnicas de supervivencia de las tribus amazónicas, los animales que se podían comer y los que no, los animales y plantas venenosas, vimos un documental titulado, “Korubo: morir matando” que se había rodado en el año 2004 para estudiar a la tribu, algo de su lenguaje, sus costumbres, su jefa.

   No sabía lo que hacía, pero, ¿alguna vez era así?, si hubiera pensado una sóla vez alguna de las misiones, desde luego no habría ido a ninguna, pero en aquel momento tenía que crear el “hilo de la vida” con Elisabeth, algo que no hice con el compañero con el que fracasé en la misión, y que consideraba como lo más importante.

   Pero antes de eso, ocurrió algo inesperado, y que supuso el principio de lo que iba a descubrir después, fue un suceso fortuito, aleatorio, algo imprevisto, pero…. sucedió.

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