Parte III. III.3.- Premonición. "Detrás de lo que ves está lo que no puedes ver"



Parte III


III.3.- Premonición. “Detrás de lo que ves está lo que no puedes ver”


  

   Por fin llegó el día de la salida hacia el Amazonas, el día 8 de julio partimos hacia Brasil, el viaje era largo ya que había que hacer varias escalas, el permiso del gobierno brasileño para visitar la zona me costó horrores conseguirlo, es una zona prohibida para preservar la cultura indígena y su modo de vida, y se conceden muy pocos permisos, tuve que hacer valer los contactos en la universidad para visitar la zona como botánicos.

   Habíamos estudiado juntos las costumbres de las tribus indígenas de la zona, especialmente de los korubo, o, mejor, los dislala, que era como ellos se llamaban a sí mismos, lo cierto es que durante el período de paz no había prácticamente incidentes, excepto algún hecho aislado. Los dislala son guerreros irascibles, siempre van armados, y suelen atacar a los “hombres blancos” que van armados, pero no atacan a los que no van armados, a aquellos que se acercan en paz son recibidos en paz, no obstante, de vez en cuando salen a cazar almas de sus enemigos para honrar a sus muertos, el “hombre blanco” causó muchas muertes y persecuciones a la mayoría de las tribus indígenas de la zona durante mucho tiempo, madereros, pescadores, buscadores de recursos, y el rencor y la venganza siguen en el aire.

   Había algo que me llamaba mucho la atención, y era que si se iba en son de paz eran amables, pero, ¿cómo diferenciaban los que eran amables de los que buscaban otras intenciones?, desde el momento en que elegí aquel lugar sabía que había algo diferente, no sabría expresarlo bien con palabras, pero algo me decía que tenía que ir allí.

   Finalmente llegamos al lugar en barca, y allí nos dispusimos a pasar nuestros cuatro días estudiando las plantas del lugar, teníamos que sobrevivir por nuestros propios medios y, a pesar de las advertencias, nos introducimos en la selva, tenía que crear el lazo de la vida con Elisabeth, y la selva era un lugar dónde había que sobrevivir. Llevamos algunas provisiones, la primera noche fue próxima a la zona que podríamos decir más cercana a nuestra civilización, unimos nuestros cuerpos mediante la cuerda, y pasamos la primera noche, uno hacía guardia durante 5 horas mientras el otro dormía y después cambio, como hizo Jason, primero la dejé a ella hacer guardia. Los ruidos en la selva son constantes, a todas horas hay ruidos, luego está el suelo, nunca sabes exactamente qué puede haber debajo de las hojas, un ejército de tarántulas, arañas, hormigas, serpientes caminan bajo tus pies o se esconden en cualquier lugar dónde vayas a apoyar tu pie o tu mano. En el agua no es menos peligroso, pirañas, caimanes, anguilas eléctricas que sólo rozarte te producen la muerte. Y por no hablar de los más diminutos y a la vez peligrosos, los mosquitos.

   A todo ello había que sumarle la presencia de tribus indígenas que no sabíamos cómo iban a reaccionar, para ello no debíamos ir armados ni con cuchillos, ni con navajas, ni con machetes, ni con ningún tipo de arma, si nos veían con algún arma con un simple dardo lleno de curare ya estaríamos muertos, aunque los korubo tenían fama de “aplasta-cabezas”, son guerreros que siempre llevan su arma y no dudan en atacar a quien invade su territorio.

   Montamos un pequeño campamento improvisado en un lugar que inspeccionamos durante casi media hora.

- Andrew: “Bien, es tu turno, dentro de 5 horas me despiertas y te relevo”
- Elisabeth: “De acuerdo”

   Es perfectamente comprensible que pegar ojo ahí con una novata al lado que no sabía si se iba a quedar dormida, pues fue bastante complicado, Lo cierto es que creo que estaba más asustado que ella, parecía dominar bien la situación, aun así no dejaba de pensar que era una novata, pero el cansancio me pudo y me quedé dormido, ya esa primera noche tenía un sueño repetitivo, una y otra vez soñaba lo mismo, Elisabeth me despertó y era capaz de recordar perfectamente el sueño.

- Elisabeth: “Es tu turno”
- Andrew: “De acuerdo, descansa”

   Y, se quedó dormida, antes de lo que pensaba, creí que iba a tardar más porque no confiaría en mí, pero no, se quedó dormida enseguida, durante esas 5 horas no podía dejar de pensar en ese sueño, me resultaba extraño recordarlo con tanta claridad, aunque es algo que a veces ocurre.  A las 5 horas desperté a Elisabeth, la noche transcurrió sin incidentes, supongo que la selva se estaba preguntando quienes éramos antes de atacar.


   Desde el día anterior sentía presencia humana cerca nuestro, aunque ciertamente era incapaz de ver a ningún ser humano en aquella espesura, pero un sexto sentido me decía que nos estaban observando. Nos dispusimos a caminar más hacia el interior de la selva, en un punto del camino nos encontramos la piel de un animal, estaba muy fresca, se notaba que lo habían cazado hace poco, mi instinto me decía que teníamos que seguir por la derecha, allí no teníamos brújula, ni relojes, ni móviles, ni armas, nada que nos recordase a la civilización excepto nuestras ropas y los suministros. Elisabeth vigilaba continuamente a su alrededor, le decía una y otra vez que tenía que vigilar su espalda y la mía, que no se separase en ningún momento una distancia superior a 3 metros, y que mirase hacia todos los lados, era un estado de tensión continuo.

   Sin embargo estaba seguro que aquella selva me quería, me había llamado por alguna razón, aunque no alcanzaba a comprenderla, la selva no quería hacernos daño, y también estaba seguro de que seguían observándonos, que no habían dejado de hacerlo desde que entramos. Llegó la hora de comer y nos paramos, era el segundo día, sólo nos quedaban dos noches más y saldríamos de allí, había que mantener el tipo. Al terminar de comer reiniciamos la marcha, de repente algo me silbó por mi oído derecho, pensé en algún mosquito, pero no, era un dardo que se clavó en el árbol que estaba justo a mi lado, sabía que las tribus de la selva envenenaban sus dardos con curare, miramos a nuestro alrededor y sólo veíamos selva, estábamos en estado de máxima alerta, máxima tensión,

- Andrew: “Nos han disparado un dardo”
- Elisabeth: “Sí, pero no veo nada, sólo selva”
- Andrew: “Mira si ves algo rojo, las tribus de por aquí suelen usar un pigmento rojo cuando salen de caza”
- Elisabeth: “Veo algo rojo, pero no sé distinguir si es humano o planta, ¿qué hacemos?, nos van a liquidar aquí”
- Andrew: “No, no lo creo, si nos hubiesen querido matar ya lo habrían hecho, llevan siguiéndonos desde que entramos a la selva”
- Elisabeth: “Y, ¿qué están haciendo entonces?”
- Andrew: “No estoy seguro, quizás sólo estén jugando con nosotros como si fuésemos una presa”
- Elisabeth: “Si es así no tenemos salida de esta selva, es un enemigo invisible”

- Andrew: “Lo malo que tiene la selva es que si no estás acostumbrado a ella todo es invisible, pero ellos pueden ver todo, es su terreno, y nos están viendo”
- Elisabeth: “¿Qué hacemos entonces?”
- Andrew: “Sigue caminando, sin miedo, vamos a ver qué ocurre”
- Elisabeth: “¿Qué tienes pensado para sacarnos de aquí?”
- Andrew: “Nada, sólo tengo una intuición”
- Elisabeth: “¿¿¿¿Una intuición????, no sabes qué alegría me da saber que tienes una intuición y no un plan”
- Andrew: “Confía en mí, saldremos vivos de aquí”

   Elisabeth me miró a los ojos, en su mirada noté que habíamos creado el lazo, sólo confiando el uno en el otro podríamos salir de allí con vida, y si uno caía, el otro también lo haría, así que seguí mi intuición y me puse a caminar en otra dirección, tenía la sensación de que aquel dardo sólo quería que cambiásemos de dirección, no tenía ninguna intención de matarnos.

   No ocurrió nada más, hicimos noche, montamos campamento improvisado, cenamos y llegó la hora de descansar.

- Elisabeth: “¿Por qué estás tan seguro que no están jugando con nosotros?”
- Andrew: “Sé que la selva nos quiere vivos por alguna razón que todavía desconozco”
- Elisabeth: “¿Qué la selva nos quiere vivos?, oye, tú no habrás olido alguna planta alucinógena, ¿no?”
- Andrew: “Creo que no, aunque tampoco te lo puedo asegurar, si eso te consuela”
- Elisabeth: “Pues no, no me consuela, aunque confío en ti, no sé por qué desde el primer día en que te vi sabía que eras una persona diferente, alguien en quien se puede confiar”

   Me quedé algo sorprendido, pero me alegraba que Elisabeth pensase así, me tocaba descansar durante 5 horas mientras ella hacía guardia, al cabo de las 5 horas me desperté de nuevo, y de nuevo había tenido el mismo sueño, era claro y cristalino como el agua, “dos noches soñando exactamente lo mismo”, me resultaba extraño, tocaba mi turno, y no dejaba de pensar en el sueño, una y otra vez. Llegó la hora de despertar a Elisabeth, desayunamos, y nos preparamos para emprender la marcha, sin saber cómo al levantar la vista estábamos rodeados por una docena de guerreros dislala armados con sus palos rojos y teñidos de rojo,

- Elisabeth: “Creo que nos han cazado”
- Andrew: “No, esto no es una caza, creo que vamos a descubrir el motivo por el que hemos venido aquí”
- Elisabeth: “¿Oye?, ¿de verdad que no has olido una planta alucinógena o te has tomado algo o te ha picado un bicho?”
- Andrew: “Jajajajajaja, no, no lo creo”
- Elisabeth: “No sé cómo te puedes reír en un momento así, estoy con la adrenalina al máximo y tú te ríes”
- Andrew: “Porque de alguna manera sé que no hay peligro, lo intuyo, quizás sea la experiencia de haberlo vivido tantas veces”

   Aquellos hombres nos guiaron hasta su poblado, uno de ellos hablaba algo de portugués, así que no resultó difícil entenderlo, nos pasaron a una cabaña, y nos ofrecieron comida.

- Hombre de la tribu: “Comer, comer, soya”

   La soya era la forma en la que ellos llamaban a un lenguado de agua dulce, muy sabroso, por cierto.

- Elisabeth: “¿Y si nos están engordando para luego comernos?”
- Andrew: “Jajajajajajajaja, si, luego nos ensartan como a los pinchos morunos y nos dan vueltas al fuego, jajajajajajaja, anda come, es pescado, está muy bueno”
- Elisabeth: “¿y si está envenenada?”
- Andrew: “Aún te falta algo de instinto, algo me dice que hemos venido aquí para algo y ya vamos a saber porqué”
- Elisabeth: “Pues no sé si comerme esto”
- Andrew (sonriendo sin mover los labios): “Es mejor que te lo comas porque si no es una ofensa para ellos, así que a la boca”
- Elisabeth: “mmmmm, pues está muy rico”

   En cuanto comimos pasó el hombre que hablaba portugués y me invitó a ir a otro lugar, debía ir sólo, en aquel lugar había un hombre vestido como un chamán, había preparado una bebida, por las hojas parecía ayahuasca, la ayahuasca es alucinógena y se suele utilizar para vivir experiencias “fuera del cuerpo”, conocía sus efectos. Aquel hombre me dio un pequeño cuenco de madera donde echó bebida y me la ofreció, me hizo el gesto con la mano por varias veces para que la bebiera, reconozco que me costó hacerlo, sabía que iba a pasar un rato malo, pero por alguna razón debía hacerlo. Aquel hombre cogió también un cazo y nos sentamos los dos, bebimos e iniciamos una especie de rito ancestral.

   No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero comencé a sentir los efectos de la ayahuasca, de repente era como si pudiera meterme en la cabeza de aquel hombre, y veía claramente lo que su mente pensaba, él veía a un hombre blanco caminar en medio de una selva en llamas, por delante del hombre blanco estaba la selva y por detrás la nada, era una imagen clara, nítida. De repente sentí como si aquel hombre entrase en mi cabeza y viese mis pensamientos, notaba como aquel hombre penetraba en mi sueño, el sueño que no había dejado de tener desde que entré en la selva. En ese sueño estaba sentado en un muro grande de una gran ciudad rodeada de una inmensa cúpula de cristal, había unos barcos enormes en el puerto, mucho más grandes que cualquiera de los barcos que haya podido ver, eran inmensos barcos de guerra, todo en aquella ciudad era enorme, de repente un inmenso animal, mucho más grande que los barcos penetró la cúpula de cristal y fue hacia los barcos, los empujó con tal fuerza que levantó una ola inmensa y movió a los barcos hacia el interior de la ciudad, provocando el caos y la devastación.

   Tampoco sé el tiempo que duró aquello, al cabo de unas 4 horas, me dijo Elisabeth, me desperté en la cabaña dónde ella estaba, cuando me desperté entró el hombre que hablaba portugués y me hizo gestos para que le acompañase de nuevo. Nos dirigimos nuevamente a dónde estaba el chamán, él me preguntó en su idioma, y el hombre que hablaba portugués me traducía, transcribo la conversación sin el traductor,

- Chamán: “¿Qué has visto en mí?”
- Andrew: “Vi como un hombre blanco avanzaba, delante de él estaba la selva, a su paso la selva ardía y detrás de él la nada”
- Chamán: “Así es como nosotros vemos a tu civilización”
- Andrew: “¿Qué has visto en mí?”
- Chamán: “Que vives en un mundo donde todo es muy grande pero está rodeado por un manto que lo cubre, detrás de ese manto hay un peligro muy grande que destruirá todo”
- Andrew: “Sí, era un animal enorme que entraba por el mar, puedo entender tu sueño de cómo ves al hombre blanco, pero, ¿qué significa mi sueño?”
- Chamán: “Detrás de lo que ves está lo que no puedes ver”
- Andrew: “Y eso que no puedo ver destruirá todo”
- Chamán: “Si nosotros dejamos entrar al hombre blanco, el hombre blanco nos mata a todos y destruye la selva”
- Andrew: “Y si dejo pasar a lo que no veo nos destruirá a todos”
- Chamán: “Sí”
- Andrew: “Y, ¿cómo puedo llegar a verlo?”
- Chamán: “Debes buscarlo”
- Andrew: “¿Has podido verlo?”
- Chamán: “Desde el día en que decidiste venir aquí lo veo todas las noches, pero no sé dónde está”

   Tras aquella conversación, me llevaron de nuevo a la cabaña, en aquel momento pensé que era el efecto de la ayahuasca, pero algo en mí decía que allí había algo que no alcanzaba a comprender bien, desde el momento en el que entré en aquella selva sentí un escalofrío, era como si supiese que la selva me protegía, que todo me había conducido a aquel momento, sé que es algo que no es muy racional, parecía una premonición.

   Hicimos noche en el poblado y al día siguiente nos acompañaron hasta la zona dónde estaban las barcas, no podía quitarme de la cabeza el sueño ni la conversación con el chamán, desde las barcas nos llevaron a la zona donde nos recogían para iniciar los vuelos de vuelta a las instalaciones. Cuando salí de aquella selva deje de tener aquel sueño. 

Comentarios

Entradas populares